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sábado, 6 de agosto de 2011

Los Pérez García

'LOS PÉREZ GARCÍA', UN CICLO QUE HIZO HISTORIA.

A LO LARGO DE 25 AÑOS, LOGRÓ UNA EXTRAORDINARIA IDENTIFICACIÓN CON EL PÚBLICO. EL RECUERDO DE NINA NINO.

Surgieron en Radio El Mundo en la década del 40. Era una familia radiofónica que reflejaba la vida de una familia real: el matrimonio, un hijo varón y una hija mujer, todos con los problemas cotidianos de la clase media. Con los años se sumaron destacados personajes que también lograron gran repercusión. Comenzaron al mediodía, luego pasaron a la noche y se convirtieron en un nombre propio de la historia de la radiofonía local. Acuñaron una frase que todavía hoy se escucha: "Tiene más problemas que los Pérez García".

Dentro del género de la ficción radiofónica, "Los Pérez García" figuran en un lugar preferencial. El fenómeno identificatorio que provocaba en la audiencia resulta todavía hoy inédito. Todo lo que sucedía en esa familia era compartido por una audiencia que, a partir del momento que sonaba el teléfono y la voz de uno de sus integrantes respondía: "Sí, usted está hablando con la casa de los Pérez García", no se perdía detalle de lo que acontecía en cada capítulo muy breve, apenas 15 minutos diarios.

Escuchar a "Los Perez García" producía en cada familia prácticamente un ritual (la TV aún no existía), con todos sus integrantes reunidos alrededor del receptor para reírse, emocionarse, entretenerse o preocuparse con los avatares que atravesaba cada uno de los personajes. El ciclo permaneció en el aire 25 años (de 1942 a 1967) y comenzó en los mediodías con libretos de Oscar Luis Massa, pero cuando éste se convirtió en director general de la radio de Editorial Haynes tomó la posta Luis M. Grau, quien sobre los lineamientos de Massa logró los años de mayor éxito del ciclo, que coincidieron con su pase a la franja nocturna.

En ese horario, Radio El Mundo, desde sus espléndidos estudios de Maipú 555, ofrecía un incomparable combo que se prolongó durante diez años: a las 19.30, "¡Qué pareja!", el ciclo de Blanquita Santos y Héctor Maselli; a las 19.45, un espacio musical con "Héctor y su Jazz"; a las 20, el recordado "Glostora Tango Club", y a las 20.15, "Los Pérez García", con el auspicio de Mejoral.

La familia Perez García estaba conformada por don Pedro (Martín Zabalúa), doña Clara (Sara Prósperi) y sus hijos Raúl (Jorge Norton) y Luisa (personaje iniciado por Perla Black, a quien siguieron Celia Juárez y Pepita Férez). Con el tiempo, Raúl se casó con Mabel (Nina Nino), que había ingresado en la casa como mucamita, pero que siempre fue tratada como una hija más. De esa unión nacieron Clarita (interpretada por Marta Patiño y María de los Angeles Ibarreta) y Pedrito (Martín Zabalúa nieto y Norberto Suárez). Luisa se casó con Tito (Julián Bourges), que fueron padres de Cachito (Gloria Lopresti y, luego, Emilio Comte). Los amigos de la familia eran Castilla (Gustavo Cavero), compañero de don Pedro en la compañía de seguros, y su esposa Catalina (Esperanza Otero). Cuando Zabalúa murió en 1955, el autor no reemplazó al personaje de don Pedro, Clara se convirtió en viuda y apareció el tío Juan (Alfredo Marino), hermano de Pedro, erigido en gran consultor familiar. Vale recordar que Martín Zabalúa fue el padre de Tincho Zabala.
El testimonio de Nina Nino

Tras una larga búsqueda, LA NACION dialogó telefónicamente con Nina Nino, que hoy reside en Mar de Ajó. "Yo participé durante 20 años, desde 1947 a 1967, recreando a un personaje que pergeñó especialmente el autor para mí. Comencé casi siendo una niña: tenía 13 años y todavía mi abuelita me iba a buscar al colegio. Pero yo trabajaba desde los cinco años con la actriz Julia de Alba, que fue quien incorporó a Alfredo Alcón a su compañía y lo hizo debutar con ella en Radio El Mundo", relata Nino.

- ¿A qué atribuye el éxito de esta familia?
A que era como cualquiera de las familias de ese entonces. Se vivía de otra manera, con otros códigos, otra moral, y cada uno de los que escuchaba el programa se veía reflejado en los personajes. Además, siempre había una moraleja, un consejo que se daba al final de cada capítulo, pues el programa era unitario. Después los episodios se hicieron semanales y la trama se resolvía de lunes a viernes, pero siempre quedaba una enseñanza. Nos dábamos cuenta que el oyente encontraba el camino por seguir gracias al programa. Un padre le quería explicar algo a su hijo y no sabía cómo hacerlo, hasta que el ejemplo lo encontraba en nuestro programa, en las palabras de don Pedro. Allí estaba la solución para los problemas de la vida real.

- ¿Cuál era la rutina del programa?
Interiorizarnos con el libreto y al menos leerlo una vez para saber lo que teníamos que decir, porque nos reuníamos a las 19.45 y el programa salía al aire a las 20.15. En ese tiempo dialogábamos con los locutores, que eran verdaderos genios: Cacho Fontana, Antonio Carrizo y Susy Morales, que tenía muy buena voz, era muy linda y nos contaba chistes antes de salir al aire. El programa duraba 15 minutos, pero con la presentación, el copete y despedida final, de libreto se reducían a diez. Y siempre estábamos atentos a las señas de un maestro de los efectos de sonido, Nicolás Catalán. Los que integrábamos ese elenco no éramos solo conocidos, sino una verdadera familia.

- ¿Cómo vivieron la repercusión que tenía el programa?
Por la gente en la calle, por la que nos esperaba en el hall de la radio, por las cartas que recibíamos. Recuerdo que con el casamiento entre Mabel y Raúl, en 1955, se organizó un concurso para ver qué día se casaban y en ese momento recibimos montañas de cartas. A la fiesta de casamiento vinieron Alcón, Angelito Labruna, Blanquita y Héctor, mucha gente conocida, pero como fue el año de la Revolución Libertadora y la Gendarmería estaba adentro de la radio, el público no podía asistir a ninguna transmisión. Lo más trascendente ocurrió con la muerte de Martín Zabalúa, que dejó un doble dolor, el nuestro y el de la audiencia, porque la gente se acercaba en multitudes a la radio para darnos las condolencias. Por eso no fue reemplazado.

- ¿Cuál es su ocupación hoy?
Manejo una especie de minimercado en Mar de Ajó, cerca del muelle y a 80 metros del mar. Desde 1967 vivo en esta ciudad. Cuando terminaron "Los Pérez García" yo estaba haciendo en TV "Mujeres en presidio", de Alberto Migré, con María Aurelia Bisutti, Jorge Mistral y Susana Campos. Allí personificaba a Sor Clorinda.

- ¿Qué anécdotas relacionadas a su personaje recuerda?
Hay muchas mujeres, ya grandes, que se llaman Mabel por mi personaje. Y una vez, en plena gira, que hacíamos en un pequeño colectivo, parecido a uno de línea, terminamos de hacer la función de la noche cerca de Santa Fe, y en la mitad del camino nos paró la policía caminera. La mayoría dormía porque teníamos que llegar al otro pueblo para realizar una nueva función. El agente de la caminera se acercó y le preguntó al chofer: «Perdóneme, ¿es verdad que en este colectivo viajan los Pérez García? ¿Podríamos verlos?» Tuvimos que despertarnos todos y saludar a la policía. Y con motivo de mi casamiento radiofónico con Raúl recibimos infinidad de regalos. Todavía recuerdo una biblioteca muy linda y un par de sillas. Una se la quedó Jorge Norton y otra yo. Está guardada en mi negocio.

- Algunos de los personajes utilizaban latiguillos.
Lo más característico era que a Raúl le gustaban mucho las milanesas y siempre las robaba cuando las estábamos friendo, por eso siempre lo retábamos. Después, por ejemplo, él decía: "¿No hay pan fresco?" "Sí -le contestábamos-, hay pan fresco, pero para el almuerzo. A la mañana hay que comer las tostadas para aprovechar el pan de ayer." El slogan importante era el saludo telefónico del comienzo. Un día, por hacerle un chiste a la locutora por su cumpleaños, Zabalúa dijo: "Sí, Susy, esta es la casa de los Pérez García", y desde ese día llegaron cientos de cartas de oyentes pidiendo que los nombraran. Un muchacho del control central tenía a su hijo enfermo y debía ponerse una inyección tres veces por semana y sólo se la dejaba dar si nosotros lo mencionábamos en el programa. Así que todos los días nombrábamos a tres o cuatro personas.

Por Alicia Petti
Fuente: diario "La Nación"
´Más información: www.lanacion.com.ar


sábado, 16 de julio de 2011

Las Radionovelas

Radionovelas, sonidos de la imaginación

A través de la magia de la radio, el auditorio podía ver con los ojos de su imaginación las escenas que ingeniosamente le eran narradas.


Un monje, solitario, demente, en un convento habitado sólo por él, subía al coro con lentitud y, a los acordes tenebrosos pulsados por sus huesudas manos en el viejo órgano, contaba historias de terror cuya verdad nadie sino él conocía. Con voz de ultratumba alarmaban a quienes lo escuchaban: “Nadie sabe... nadie supo... la verdad, en el horrible caso de...” A continuación narraba la historia de horror más escalofriante que alguien pudiera imaginarse. Al terminar el relato soltaba una carcajada que erizaba los cabellos a cualquiera. Después de escuchar esta radiotransmisión era difícil conciliar el sueño.
La voz de El Monje loco era de Salvador Carrasco, y el maestro Nacho García tocaba el órgano añadiendo el acento melodramático. Un elenco de actores apoyaba la escenificación de los casos que presentaba el conocido monje. Precisamente los espeluznantes relatos constituían la atracción de uno de los programas favoritos de la estación mexicana XEQ. En diciembre de 1941 se sobresaltó el público acostumbrado a sintonizarlo: por la radio se oía el asesinato del cantante Carlos Arciniega. Cientos de radioescuchas llamaron a la policía para denunciar el hecho. De pronto, la XEQ retomó su programación cotidiana y el desconcertado público comprendió que había sido una broma de Luis de Llano, el productor de la época. Desde ese día, de Llano fue conocido como el Orson Welles mexicano. 
Cuando las radiodifusoras de importancia se dieron cuenta de que podían aprovechar la popularidad de la radio en beneficio del teatro, creyeron conveniente conformar pequeñas compañías de actores y actrices para transmitir obras dramáticas. Así, reunieron un repertorio muy peculiar, pues el ruido servía en gran parte para ilustrar la acción, el ambiente y la expresión de los personajes.
El radioteatro y la radionovela eran el vehículo apropiado para que el público echara a volar su fantasía. El oído del radioespectador que escucha una representación teatral cumple una función estimulante para la imaginación. Por virtud de la palabra que describe la escena, del clima creado con rumores y con música, del diálogo palpitante de sugerencias que sostienen los actores, cada radioescucha asume un aspecto diferente y personal de lo narrado, de acuerdo con la cantidad y la calidad de su propia fantasía.
El espectador recrea la escena e imagina las luces, el fondo en que se mueven las figuras y el aspecto físico del personaje. Su única guía, la sola realidad sobre la cual basa su representación mental, son las palabras y los sonidos que percibe.
El actor de radio debe estar dotado de una voz grata al oído, con buen ritmo, llena de fuerza y correcta dicción, que lo convertirá en el galán que cada radioescucha guarda en su corazón. Si la actriz tiene la voz juvenil y fresca, podrá interpretar a la dama joven del drama, aunque su edad real rebase los cincuenta.
Los sonidistas, hombres de gran creatividad, eran los responsables de cuidar aspectos del sonido para provocar la atmósfera, el ambiente y el clima apropiados. A su cargo estaba la educación auditiva del público: debían lograr que éste reconociera sonidos como el del vapor que se escapa de la locomotora, el silbido de una víbora, el viento que sopla, el llanto de un niño.
Para lograr los efectos necesarios recurrían a abrir cajones, deslizar un papel, pasarse la mano por la roma, oprimir un timbre, descolgar un teléfono, cerrar una puerta, simular los pasos de una mujer... Para que se oyera el fuego de una hoguera, comprimían con las manos el papel celofán de un paquete de cigarrillos. Los disparos eran simulados por martillazos en unas bolsitas de papel que contenían un polvo especial.
El escritor argentino Gustavo Martínez Zuviría, conocido por el seudónimo de Hugo Wast, concedió autorización para que radio Belgrano, estación argentina, adaptara y transmitiera sus obras La casa de los cuervos y La corbata azul. Oscar Beltrán, escritor y comediógrafo, presentó en Radio Prieto de Buenos Aires, una adaptación radiofónica de La Gitanilla, de Cervantes. Radio Fénix Argentina transmitió en episodios la adaptación de la novela La chica del zorro azul: cada tarde se presentaba un capítulo a cargo de la compañía radioteatral de la actriz Ida Delmar, quien tuvo ocasión de cantar y hablar, acciones que eran explicadas con ágiles y matizadas acotaciones verbales.
En México, con motivo del Día de la Raza, XEFO, Radio Nacional, difundió un radioteatro basado en una historia de Germán List Arzubide. Tierra, nombre de la obra, teatralizaba los momentos angustiosos que sufrió Cristóbal Colón la madrugada del 11 de octubre de 1492 al amotinarse su cansada tripulación.


Fragmento de Escenas inolvidables del siglo XX, Reader’s Digest de México, 1998